
Burdeos se ha lavado la cara, ha emblanquecido sus antes tiznadas fachadas, ha instalado un tranvía (penalizando a los coches, a los que pone parkings en el subsuelo, muchos de ellos gratuitos), ha acondicionado los otrora grises e industriales hangares a la orilla del Garona en animosos espacio de ocio y comercio, y ha logrado mezclar sin altibajos lo clásico (como el Gran Teatro) con lo moderno (como el hotel Seeko’o, con forma de iceberg y donde se sirven cócteles elaborados por los mejores chefs bordeleses). Se puede decir, y se dice, que Burdeos vive actualmente su segunda edad de oro….
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